Novela corta gratuita
Algoritmo-319: El único que pudimos encontrar
Esta novela corta es el preludio de la Saga del Algoritmo.
Algoritmo-319: El único que pudimos encontrar es una novela corta precuela, inquietante y profundamente filosófica, que constituye el cimiento estructural y moral de toda la Saga del Algoritmo.
Escenario y contexto
De marzo a diciembre de 1977
San Carlos de Bariloche, en la Patagonia; Zermatt, en Suiza; y Londres. La historia se desenvuelve bajo la cruda realidad histórica de la dictadura militar y las desapariciones forzadas en Argentina, durante la cual miles de ciudadanos fueron borrados sistemáticamente por el Estado.
La premisa
Tres mentes en un registro eterno
Nicolás Tosh, un genio de las matemáticas de diecinueve años, trabaja en un galpón alquilado detrás de la Ferretería Wendt. Ha construido un dispositivo del tamaño de una cajetilla de cigarrillos, con una sola palanca de bronce. Al apuntar a una persona, deriva una firma matemática inmutable de once decimales a partir de la actividad eléctrica del cerebro: el algoritmo CDA-319.
El procesamiento ocurre a trece mil kilómetros de distancia, en un búnker excavado bajo la roca en Zermatt. Solo existen tres mentes en ese registro eterno: Tosh; el físico nuclear Rainer Sábato; y Tomás Ferrer, su compañero de clase, que aceptó registrarse como una broma en una fiesta.
La desaparición
Una línea que se detiene a mitad de trazo
Un jueves, Tomás no asiste a su cita. En el pizarrón del galpón, Tosh encuentra una línea de tiza blanca que se detiene abruptamente a mitad de una fórmula: no al final de un factor, sino justo en el punto donde la mano de Tomás fue obligada a levantarse.
Poco después llega al galpón su madre. Dolores Ferrer, maestra de escuela, ha pasado días recorriendo comisarías y delegaciones ministeriales, registrando cada evasiva y cada mentira silenciosa en un cuaderno escolar dividido en columnas rígidas.
La pendiente ética
Un paso razonable cada vez
CDA-319 — el registro
Tosh consulta el sistema de Zermatt y confirma que la firma de Tomás sigue activa, con una certeza superior a cuatro nueves. El algoritmo confirma que la mente sigue funcionando. No puede decir dónde.
CDA-320 — la voz de ida
Sábato llega a Bariloche y aboga por una escalada lógica: una transmisión neuronal silenciosa, de un solo sentido, enviada a la cabeza de Tomás todos los días a las cuatro de la tarde. «Tomás. Soy Nicolás. Cuenta en primos. Dos. Tres. Cinco. Siete. Once. Sigue. Yo voy a estar aquí.» Como el canal de retorno exige hablar en voz alta dentro de una celda, Tomás no puede responder sin ponerse en peligro extremo.
CDA-322 — los sentidos prestados
Cuando la densidad de la firma comienza a decaer, señal de colapso físico o mental, Sábato insta a la invasión absoluta: un algoritmo que intercepta y graba la vista, el oído y la superficie del pensamiento del sujeto, sin su consentimiento. Dolores implora ser la operadora, invocando su derecho materno. Tosh se niega: decide que él debe ser el único que quede arruinado por lo que van a ver, y protege a la madre de la realidad visual del encierro de su hijo.
Once pistas, y un oficinista
El hilo paralelo
El escaneo de diecinueve minutos de los ojos de Tomás arroja once pistas físicas: una ventana con cuatro barrotes separados por once centímetros, un tanque de agua de hormigón, un cerro con una muesca característica, el sonido de trenes de carga, un entrevistador civil con una carpeta.
En un hilo paralelo conocemos a Ismael Quintar, un meticuloso oficinista civil de un batallón que ha construido a mano un fichero de fichas cruzadas de los detenidos. El 16 de mayo, Quintar entrevista al estudiante de matemática, que responde a las seis preguntas impresas únicamente recitando números primos en voz alta. Quintar descarta las respuestas como ruido y cierra la ficha.
La trágica ironía
Dos días tarde
El contacto de Tosh localiza la muesca del cerro en un mapa. Para evitar que el dispositivo caiga en manos del gobierno, filtran las coordenadas a través de una cadena de abogados, sacerdotes y periodistas hasta una comisión de derechos humanos. La demora burocrática hace el resto: la comisión llega al lugar el 4 de julio y lo encuentra vacío desde el 2.
Desesperado, Tosh viaja a Buenos Aires, vigila una parada de autobús, identifica a Quintar y usa el CDA-323 para reconstruir sus treinta y nueve años de memoria.
La revelación
Trece por ocho centímetros
Tomás Ferrer fue ejecutado el 2 de julio. El rastreador de vitalidad solo confirmaba un cuerpo mantenido con vida artificial por un respirador. Tosh le había estado hablando a una habitación vacía durante once semanas.
Dentro de la mente de Quintar lo espera algo peor. Tosh encuentra allí su propio reflejo: el orgullo del oficinista por su fichero es exactamente el mismo acto que el orgullo de Tosh por su registro eterno de mentes. Ambos se propusieron reducir el alma humana a un índice estructurado y localizable. La única diferencia entre ellos eran trece por ocho centímetros de cartulina.
Whitehall, y el juramento
Diciembre de 1977
Devastado, Tosh viaja a Whitehall, en Londres, para clasificar tres de sus propios algoritmos — 322, 323 y 324 — como armas prohibidas. De regreso en Zermatt, debajo del dibujo a lápiz de su bote recurrente, escribe cuatro frases en su bitácora.
Nunca reescribiremos por la fuerza la mente humana.
No para ahorrar tiempo.
No para ahorrar dinero.
No, que Dios nos perdone si alguna vez sentimos la tentación, para salvar vidas.
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