Caracas está atascada

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FUEGO CRUZADO GEOPOLÍTICO — PARTE III

Mirémoslo de frente: a mediados de abril de 2026, algo calladito pero definitivo le pasó a la transición venezolana post-Maduro. Dejó de ser una historia de transición y empezó a ser una historia de normalización. La diferencia suena a sutileza académica, pero no lo es. En los treinta días que han pasado desde que publiqué La Hora de la Verdad de Venezuela en Marzo 2026, ese “ajuste de cuentas” que veníamos anunciando se disolvió en puro trámite: comunicados de alivio de sanciones, firmas de contratos petroleros, anuncios de rutas aéreas, cablegramas de embajada. Todo junto, parece menos la consolidación de una apertura democrática y más el arreglo legal, meticuloso, de un régimen híbrido.

El dato más revelador es el que no ocurrió: María Corina Machado no volvió a Venezuela. El segundo más revelador: el general Vladimir Padrino López, removido el 18 de marzo como Ministro de Defensa, reapareció el 13 de abril — calladito — como Ministro de Agricultura y Tierras. Y ojo: con los 15 millones de dólares de recompensa estadounidense todavía colgando sobre su cabeza. Entre esos dos no-eventos, la administración Trump le levantó las sanciones al Banco Central de Venezuela, el Secretario del Tesoro Scott Bessent respaldó el reingreso de Venezuela al FMI, Chevron y Repsol firmaron acuerdos de expansión, American Airlines puso a la venta los boletos Miami–Caracas, y Foro Penal reportó 485 presos políticos todavía tras las rejas al 6 de abril — apenas menos que los 526 contados el 2 de marzo.

The Economist esta semana lo tituló “Hype pero también esperanza”. Esa fórmula es demasiado generosa. Lo que abril verdaderamente nos entregó fue hype como sustituto de la esperanza — el atasco.

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La Hora de la Verdad que Nunca Llegó

Marzo de 2026 se suponía que era el mes en que todo se definía. Tenía la gramática de un mes así: la salida de Padrino de Defensa, la subida de González López, los arrestos de alto perfil como el de Ruperti y los rumores sobre Saab, la Licencia General 52 de la OFAC, el restablecimiento de relaciones diplomáticas el 5 de marzo, la reapertura de la embajada estadounidense en Caracas el 30 de marzo. En mi análisis anterior planteé el momento como un bisturí de gabinete que cortó hondo — Rodríguez blindando el triángulo de seguridad, sacando del camino a los posibles saboteadores, y usando las exclusiones de la Ley de Amnistía como válvula de presión y como arma al mismo tiempo.

Abril le agregó a esa tesis una nota al pie bien amarga. Resulta que el bisturí corta en más de una dirección.

El 13 de abril de 2026, Rodríguez anunció en Telegram que Padrino López regresaba al gabinete — esta vez como Ministro de Agricultura y Tierras. Veintiséis días después de su degradación ritual, el general que controlaba las fuerzas armadas venezolanas desde hace once años volvió a la mesa, con cartera ministerial en la mano, mientras la DEA en Washington mantenía en silencio su recompensa de 15 millones por su captura. La coreografía es demasiado precisa para ser casualidad. Padrino recibe un aterrizaje suave; el régimen les manda a sus duros la señal de que la lealtad todavía se premia; y Washington hace como si no viera — porque la atención de Washington está en otra parte.

Mientras tanto, Diosdado Cabello no se ha movido un milímetro. Los 25 millones de recompensa siguen ahí. El Con el Mazo Dando sigue saliendo al aire. Los colectivos siguen siendo suyos para movilizarlos cuando quiera. El conteo de Foro Penal en abril — 485 presos políticos al 6 de abril, bajando a 477 al 18 de abril después de una liberación de 51 presos bajo “medidas alternativas” — se queda atascado exactamente en el cuello de botella que yo señalé en marzo: las exclusiones de la Ley de Amnistía por “violaciones graves de derechos humanos, narcotráfico y corrupción” convierten cada caso que queda en una transacción negociada, no en un asunto de derechos. De los 477 que quedan, 164 ya están sentenciados y 313 siguen sin sentencia firme. El cuello de botella no es el volumen — es la categoría.

El modelo de seguridad que en marzo describí como “apretado, no aflojado” se sostiene. Lo que se aceleró, en cambio, fue la interfaz económica. Esa asimetría es el rasgo definitorio del atasco.

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Irán se Comió el Oxígeno

El hecho estructural más subreportado del abril venezolano es que la atención estadounidense que hacía falta para convertir esta transición en una apertura democrática ya no está disponible. El Estrecho de Ormuz lleva bloqueado desde finales de febrero de 2026. El propio editorial de The Economist del 18 de abril sobre el shock alimentario del Golfo pone la factura sobre la mesa: 30% del fertilizante que se comercia globalmente, 20% del gas natural licuado, 15% del petróleo — todo atrapado detrás del cierre. El Programa Mundial de Alimentos de la ONU advierte que 45 millones de personas más podrían caer en inseguridad alimentaria si el Estrecho no se reabre antes de mediados de año. Y el petróleo no ha bajado de 100 dólares por barril desde principios de marzo.

Eso, para Washington, lo cambia todo en el caso venezolano. Los barriles caraqueños — ese crudo pesado del Orinoco, refinable en el diesel y el búnker que el bloqueo está estrangulando — se volvieron un commodity estratégico. En marzo de 2026, Venezuela exportó 1,09 millones de barriles diarios, un salto del 48% con respecto a los 737.000 de febrero, y la cifra mensual más alta desde finales de 2025. Vitol y Trafigura, entre los dos, movieron unos 635.000 bpd bajo el arreglo de enero; Chevron subió sus propias exportaciones de 209.000 bpd en febrero a 267.000 en marzo. El Tesoro estadounidense se ha estado tragando los inventarios que se acumularon durante el bloqueo de diciembre–enero, y la logística física — tanqueros más grandes entrando al terminal de José, cargamentos rumbo a la India y a Europa — se movió a un ritmo que pocos analístas predecían en enero.

Esto es el efecto de desplazamiento iraní que ya yo especulaba en Cuba en la Hora Cero: cuando Washington necesita barriles, Caracas deja de ser un expediente de transición y se convierte en un expediente de suministro. Rubio y Michael Kozak siguen haciendo los ruidos democráticos correctos — Kozak, en una audiencia en el Congreso en abril, recordó con énfasis que “la Constitución es muy clara: ya debería haberse celebrado una elección en Venezuela y haber un calendario electoral definido”. Pero el comportamiento que cuenta — emisión de licencias, reapertura de canales de pago, personal de embajada, logística de terminales petroleras — está inequívocamente orientado hacia la estabilización, no hacia el traspaso.

The Economist concede el punto sin nombrarlo: “el juego largo no es precisamente la fortaleza de Trump”. Eso es una formulación benevolente. La verdad más cruda es que el juego largo ahora es territorio ocupado. Irán se quedó con el ancho de banda que la democracia venezolana habría necesitado.

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Las Cuatro Piezas Congeladas

Dentro de ese vacío de atención, cuatro dinámicas políticas se endurecieron calladas hasta convertirse en la postura negociadora del régimen para cualquier proceso electoral que eventualmente llegue.

Una: Machado en Madrid, no en Caracas

Entre el 17 y el 20 de abril, María Corina Machado cerró una gira europea de alto perfil en la Puerta del Sol de Madrid, convocando lo que la prensa española llamó la mayor concentración de la diáspora venezolana en años. Recogió la Medalla de Oro de Madrid de manos de la presidenta del PP regional Isabel Díaz Ayuso, las Llaves de la Ciudad del alcalde José Luis Martínez-Almeida, se reunió con el líder del PP Alberto Núñez Feijóo, con Santiago Abascal de Vox, con Giorgia Meloni en Roma, con Emmanuel Macron en París, y con Rob Jetten en La Haya. Y también, muy a propósito, rechazó reunirse con el Primer Ministro socialista español Pedro Sánchez, quien ese mismo fin de semana estaba organizando una cumbre de izquierda en Barcelona. Dijo desde Madrid que estaba coordinando su regreso a Venezuela con la administración Trump; no dio fecha.

Carlos Malamud, del Real Instituto Elcano de Madrid, capturó el costo táctico: “Si Machado quiere ser presidenta de Venezuela el año que viene, tiene que estar dispuesta a reunirse con el jefe del gobierno español, sea quien sea”. Y el punto se generaliza. Una gira de buena voluntad se justifica durante treinta días. Pasando los noventa días, la gira se convierte en la noticia: la líder opositora que no puede o no quiere volver a su país. Y al no volver, está ratificando, por ausencia, el estancamiento que al régimen le conviene. Cada semana que pasa fuera es una semana en que los cálculos de Cabello mejoran. Ayuso, entregándole la Medalla de Oro, proclamó: “María Corina va a ser la presidenta de Venezuela”. Bello teatro. Insuficiente como estrategia.

Dos: La Puerta Estrecha de la Amnistía

La liberación del 16 de abril de 51 presos bajo “medidas alternativas”, aprobada el mismo día por los tribunales, fue la más grande desde febrero. Pero el conteo de Foro Penal apenas se movió. Las exclusiones de la Ley de Amnistía para violaciones de derechos humanos, narcotráfico y corrupción cubren precisamente los casos que el régimen necesita conservar como monedas de cambio. Como lo describí en marzo: zanahoria con filo de navaja. Abril hizo la navaja más visible. Las liberaciones ahora van saliendo por tandas calibradas, una por una — cada una, una transacción política, no una corrección judicial.

Tres: La “Tercera Vía” de Marquéz

The Economist sacó a la luz un globo de ensayo que vale la pena tomar en serio. Enrique Marquéz — el candidato tercerista de 2024 que sacó menos del 1% del voto, fue encarcelado por exigir transparencia, liberado en enero, e invitado al discurso del Estado de la Unión de Trump en febrero — está siendo promovido por sectores del régimen como figura de compromiso entre Machado y Rodríguez. Ana María Sanjuán, la nueva Ministra de Educación Superior, sugirió explícitamente un gobierno de unidad nacional “bajo ciertas condiciones” que descartan repartir plenamente el poder. Muchos en la élite “susurran maravillas sobre Marquéz como tercera vía”, según el Briefing de The Economist, “a pesar de que sacó menos del 1% del voto”.

Este es el manual clásico de la transición manejada: una figura opositora simbólicamente legitima, aceptable para el régimen precisamente porque no manda sobre ningún movimiento de masas, instalada como fachada democrática mientras la arquitectura de coerción queda intacta. La respuesta irritada de Machado desde Madrid leyó como plena conciencia de que le están tendiendo la trampa: “Que los empresarios, o la comunidad diplomática, o el régimen elijan quién debe ser el presidente de Venezuela. Menuda democracia”.

Cuatro: La Doctrina Przeworski

Jorge Rodríguez, el hermano de la presidenta y jefe de la Asamblea Nacional, flotó en El País la idea de garantías de inmunidad pre-electorales para los cuadros del régimen como condición previa para permitir un voto. Sanjuán lo puso en registro académico citando al politólogo Adam Przeworski: “No se puede ir a elecciones si tienes muchísimo que perder”. Esto es el régimen diciéndonos, al micrófono y en lenguaje académico, que no habrá elecciones libres sin impunidad pre-negociada. Es la trampilla puesta al aire libre. Machado, en Madrid, concedió movimiento en esa dirección: “rechazamos la venganza … se harán algunos compromisos” — lo cual es realista, pero también es el comienzo del fin del capital moral que la llevó a todo lo largo de 2024 y 2025.

Juntas, estas cuatro piezas no describen una transición sino una posición negociadora. Son la postura del régimen en abril para una elección en 2027 que, en la trayectoria actual, se va a celebrar con impunidad pre-acordada, con una oposición previamente vetada y aceptable al régimen, bajo un gabinete que todavía incluye a Cabello, a González López, y — de nuevo — a Padrino.

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El Reinicio Económico va Adelante

Mientras la geometría política se congelaba, el andamio económico se movía a una velocidad que, bajo cualquier otra circunstancia, sería impresionante.

13 de abril — Chevron y PDVSA firmaron dos acuerdos en una ceremonia en Caracas a la que asistieron Rodríguez, la Encargada de Negocios estadounidense Laura Dogu, y el Subsecretario estadounidense de Hidrocarburos Kyle Haustveit. El intercambio de activos devolvió a PDVSA un campo de gas costa afuera y una pequeña área de crudo a cambio de una huella ampliada en el crudo pesado del Orinoco — un giro clásico de Chevron hacia su ventaja comparativa. La producción actual del joint venture, 260.000 bpd, representa aproximadamente una cuarta parte de la producción nacional; los ejecutivos proyectan un crecimiento del 50% en dos años. “Un acuerdo mutuamente benéfico”, dijo Chevron en su comunicado, “que consolidará el enfoque de todas las partes en activos estratégicos del país”.

14 de abril — las Licencias Generales 56 y 57 de la OFAC reabrieron los canales de pago que yo describí en marzo como la restricción vinculante de cumplimiento. La GL-57 autorizó transacciones de servicios financieros con el Banco Central de Venezuela, el Banco de Venezuela, el Banco Digital de los Trabajadores y el Banco del Tesoro — la primera autorización así en siete años. La GL-56 autorizó la negociación de contratos contingentes directamente con el Ejecutivo venezolano. El mismo día, el Secretario del Tesoro Scott Bessent respaldó desde las reuniones de primavera del FMI los esfuerzos del Fondo para reintegrar a Venezuela al sistema financiero internacional: “Están volviendo formalmente a una buena trayectoria”. La OFAC también sacó al ex Fiscal General Reinaldo Muñoz de la lista SDN.

16 de abril — Repsol anunció un marco ampliado con PDVSA que incluye un mecanismo de pago garantizado — la innovación estructural que la GL-50 siempre había insinuado pero nunca especificado. La petrolera española planea aumentar la producción de Petroquiriquire en 50% el primer año y triplicarla en tres. Y — ojo a esto — Repsol no liquidó los 4.550 millones de dólares que reclama por atrasos venezolanos previos. La nueva maquinaria gobierna los flujos futuros, no las disputas heredadas. Y es exactamente el tipo de marco quirúrgico que los inversionistas sofisticados exigen antes de desplegar capital real.

20–21 de abril — American Airlines abrió la venta de boletos para el servicio diario Miami–Caracas que arranca el 30 de abril, con tarifas ida y vuelta en clase principal entre 1.500 y 2.000 dólares. Se espera que otras aerolíneas estadounidenses sigan. El peso simbólico de esto es enorme: la conectividad comercial directa entre Miami y Caracas había estado cortada desde marzo de 2019. Su regreso, apenas dos semanas después del levantamiento de sanciones al BCV, marca la restauración física del corredor de la diáspora — el mismo corredor que Machado, desde Madrid, le estaba pidiendo a sus seguidores que usaran en sentido contrario.

Enmarcando todo esto, el 1 de abril la OFAC retiró a la propia Delcy Rodríguez de la lista de Nacionales Especialmente Designados — un movimiento que, leído junto con la reinstalación de Padrino doce días después, telegrafía la arquitectura real: la presidenta interina es ahora una contraparte estadounidense de confianza; el ex ministro de defensa es un pasivo del régimen aparcado fuera de escena; y la distinción entre ambos tiene que ver enteramente con la conveniencia de Washington, no con la política venezolana.

Este es el atasco en un solo párrafo. El modelo de ingresos de Venezuela fue completamente recableado bajo supervisión estadounidense. El modelo de coerción permanece intacto. El reinicio económico va tres o cinco vueltas por delante de cualquier transición política plausible — y cada vuelta adicional hace más difícil revertir el desenlace híbrido.

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La Embajada es el Nuevo G2

La innovación estructural que amarra todo el atasco es la propia Embajada de Estados Unidos en Caracas. La Embajadora Laura Dogu llegó como Encargada de Negocios el 31 de enero. La misión reabrió formalmente el 30 de marzo después de la remediación de moho en una cancillería cerrada desde 2019. Michael Garcia funge como Subjefe de Misión. La sección consular restaurada está en construcción.

Sobre el papel, esto es una normalización diplomática rutinaria. En la práctica, la Embajada de Caracas está funcionando como algo más parecido a la capa operativa que la DGI cubana y el SEBIN representaban conjuntamente en las eras de Chávez y Maduro — un aparato extranjero de inteligencia, coordinación política y otorgamiento de permisos, físicamente incrustado en la toma de decisiones del Estado anfitrión. Cuando Chevron firma su acuerdo del 13 de abril, Dogu está en la sala. Cuando el Tesoro emite la GL-56 y la GL-57 el 14 de abril, el equipo de Dogu redactó la guía de implementación. Cuando Kozak testifica ante el Congreso que Machado podrá regresar y competir, su fuente es el cablegrama de Dogu.

Esto es diagnóstico, no crítica. El gobierno interino no está gobernado por la embajada — pero sí está supervisado por ella de la misma manera en que un síndico supervisa a una empresa en reestructuración. Cada permiso significativo — quién puede pagar, quién puede levantar crudo, quién puede volar, quién puede invertir — se otorga a través de la infraestructura de cumplimiento de la embajada, no a través de instituciones venezolanas. Rodríguez es, en este esquema, la CEO que un administrador judicial mantiene en el cargo porque reemplazarla sería interrumpir las operaciones.

La analogía incómoda: la embajada es el nuevo G2. Está haciendo para Washington lo que la inteligencia cubana hacía para La Habana — con la diferencia profunda e importante de que, hasta ahora, se está construyendo hacia elecciones democráticas, no afianzando el poder de partido único. Pero el mecanismo es estructuralmente similar, y los venezolanos lo saben. Esa conciencia es el sustrato nacionalista que los duros del régimen — y, eventualmente, de la diáspora — van a terminar explotando.

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El Reloj de las Elecciones de Medio Término

El timing del atasco no es casualidad. Las elecciones de medio término de Estados Unidos son en noviembre de 2026. Para la administración Trump, Venezuela ya es una victoria de política exterior declarada. El incentivo político para reabrir ese expediente — exigir el regreso de Machado, forzar la salida de Cabello, publicar un calendario electoral — es prácticamente cero. El incentivo para cerrarlo — mantener el petróleo fluyendo, la inflación bajando, la diáspora reconectada por vuelos directos, la embajada visible en los noticieros — es arrollador.

Para Rodríguez, la matemática es inversa y simétrica. Cada semana en que puede demorar la publicación de un calendario electoral es una semana más cerca de una administración estadounidense que no va a tener el ancho de banda, ni la atención, ni el apetito político para forzar el tema. El escenario base de The Economist — autoritarismo manejado con liberalización selectiva — es ahora el camino de menor resistencia para ambas contrapartes.

Lo que podría romper el atasco, en orden descendente de probabilidad:

Un regreso de Machado. Si — y cuando — entre a Caracas, el cálculo cambia de la noche a la mañana. El régimen enfrentaría la disyuntiva incómoda que The Economist identificó correctamente: reprimirla a plena vista de los corresponsales extranjeros ya físicamente presentes en Caracas, o tolerar una demostración dramática de su propia impopularidad e impotencia. Su declaración en Madrid del 20 de abril sobre que está “coordinando” el regreso con Washington sugiere que Trump le sigue pidiendo esperar. Cada semana de demora reduce su apalancamiento moral y expande el del régimen.

Una movida de Cabello. La ausencia de acción abierta por parte de Cabello ha sido el no-evento definitorio de la segunda fase de la transición. Si él lee las señales de abril como que Washington está perdiendo interés — y concluye que puede reafirmarse — el escenario híbrido se revierte al escenario del saboteador que describí en La Prueba de los 45 DíasLa Hora de la Verdad. La propuesta de Gustavo Petro en abril de un “cogobierno entre chavistas y oposición” como puente de transición electoral es, leída con malicia, justo el tipo de marco con el que Cabello podría convivir.

Una reapertura de Ormuz. Si Irán negocia o se ve forzada a una desescalada en el Golfo, la prima estratégica sobre los barriles venezolanos se evapora casi de inmediato. La paciencia de Washington para el ritmo lento del régimen se evapora con ella. Esta es la variable con más potencial y con la probabilidad actual más baja.

Un punto de inflexión cubano. Cuba ha estado absorbiendo pequeñas cantidades de petróleo venezolano re-licenciado mediante reventas cuidadosamente supervisadas al sector privado, mientras la campaña EEUU–Israel contra Irán sigue consumiendo el Golfo. Si el régimen habanero se fractura bajo las presiones que documenté en Cuba en la Hora Cero, la onda expansiva a través de Caracas — vía los activos de inteligencia cubana todavía incrustados en el SEBIN — sería inmediata e impredecible.

Ninguna de estas rupturas está programada. Las cuatro caben en el calendario de 2026.

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Conclusión: La Parte Callada Dicha en Voz Alta

El briefing de The Economist del 18 de abril se tituló “Hype pero también esperanza”. El título honesto habría sido “Hype en lugar de esperanza”. Lo que Venezuela ha vivido en los noventa días desde mi Hora de la Verdad de Marzo 2026 no es la consolidación de una apertura democrática sino la rutinización de un régimen híbrido cuya interfaz económica fue tercerizada a Washington y cuyo interior coercitivo se ha preservado intacto.

Rodríguez está gobernando Venezuela al gusto de Trump, como The Economist correctamente observa — pero “al gusto de Trump” en abril de 2026 significa petróleo saliendo, inflación bajando, embajada abierta, vuelos de la diáspora de vuelta, saboteadores del régimen manejados pero no removidos. No significa elecciones. No significa la salida de Cabello. No significa a Machado en Miraflores. Significa una Venezuela que se ve, desde lejos y en un cablegrama, como una historia de éxito — y que a ras de suelo sigue siendo, como la Ministra Sanjuán confesó por accidente citando a Przeworski, un régimen con “muchísimo que perder” y por lo tanto sin ninguna intención de perderlo.

Las transiciones no se juzgan por discursos, sino por la maquinaria que desmantelan o que conservan.Abril de 2026 nos ha mostrado — a través de la reencarnación de Padrino, la inmovilidad de Cabello, la ausencia continuada de Machado, las cuatro piezas políticas congeladas, y el creciente peso institucional de la embajada — que Caracas está desmantelando su sistema de ingresos mientras refuerza su sistema de coerción. La hora de la verdad dio paso al atasco.

La pregunta para los próximos treinta días sigue siendo la misma con la que cerré en marzo: ¿moviéndose hacia qué — y quién controla los frenos? La respuesta de abril, ahora más clara: moviéndose hacia un régimen híbrido, con reloj de elecciones de medio término, con los frenos en manos de una embajada y no de un movimiento.

El atasco es una elección. Se puede deshacer. Que se deshaga o no depende casi enteramente de si Machado vuelve a casa, de si Irán sigue cerrado, y de si algún alto funcionario estadounidense — Rubio, Kozak, Bessent, o el propio Trump — está dispuesto a tratar la diferencia entre normalización y transición como una distinción que vale la pena hacer cumplir.

Venezuela está más libre de lo que estaba el 3 de enero. Pero no está libre, todavía. El espacio entre esas dos verdades es donde abril de 2026 se estacionó. Es un espacio cómodo para la mayoría de los que gobiernan Venezuela y para la mayoría de los que gobiernan Washington. Es un espacio incómodo para los 477 que siguen presos, para los 7,9 millones en la diáspora, y para esa señora venezolana de La Vega cuya voz cerró el briefing de The Economist:

“¡Es ahora o nunca!”

La respuesta de abril para ella, lamentablemente, es: todavía no, y quizás no pronto.

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Erasmus Cromwell-Smith II

22 de abril de 2026

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Fuentes y Lecturas Complementarias

• The Economist, “Hype but also hope” (Briefing) y “The Caracas condition” (Editorial), 18 de abril de 2026

• UPI, “Venezuela reinstates Maduro ally despite $15M U.S. reward”, 14 de abril de 2026

• PBS / AP, “Venezuela’s acting president names new defense chief”, 18 de marzo de 2026

• Reuters / U.S. News, “Chevron Agrees to Asset Swap in Venezuela”, 13 de abril de 2026

• Euronews, “Repsol agrees Venezuela deal to boost oil production”, 16 de abril de 2026

• Axios / MercoPress, “US eases Venezuela bank sanctions”, 14–15 de abril de 2026

• OFAC, Licencias Generales 56 y 57, Programa de Sanciones a Venezuela, 14 de abril de 2026

• Al Jazeera / The Washington Post, cobertura de la gira europea de Machado, 17–20 de abril de 2026

• Caracas Chronicles, “In Madrid, María Corina Claimed the Great Return Has Begun”, 20 de abril de 2026

• CBS Miami / WLRN, cobertura de la reanudación Miami–Caracas de American Airlines, 20–22 de abril de 2026

• Foro Penal, “Presos Políticos en Venezuela al 6 de abril de 2026”, 9 de abril de 2026

• Miami Herald / Union-Bulletin, “Venezuela grants conditional release to 51 political prisoners”, 20 de abril de 2026

• Rio Times, “Venezuela Crosses 1 Million bpd in March”, abril de 2026

• Departamento de Estado de EE.UU., “Resumption of Operations at U.S. Embassy Caracas”, 30 de marzo de 2026

• Erasmus Cromwell-Smith II, El Caso por Venezuela; Venezuela Post-Maduro: La Prueba de los 45 Días; Cuba en la Hora Cero; La Hora de la Verdad de Venezuela en Marzo 2026 (Medium, 2026)

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